15 octubre 2006

"Parecí Scout..."


“Sabí hueón, parecí Scout”. Eso fue lo que me dijo un compañero montañés en algún momento de este año; lamentablemente no recuerdo la circunstancia en la cual me dedico esa frase, ni tampoco si fue un gesto de desprecio o si fue un halago. Sin embargo recuerdo cual fue la inmediata respuesta que emanó de mi interior: “Sí, soy Scout”. Después tampoco recuerdo que dijo él o en que continuó la conversación, aunque si me quedó dando vuelta en la cabeza lo ocurrido, trasladando mi atención a los extraordinarios recuerdos y enseñanzas de mi vida como Scout. No obstante, para no extender innecesariamente el relato, solo haré una breve referencia a las enseñanzas y valores que me ha entregado el escultismo.

La Ley, la promesa, la progresión, la mística; que maravillosos y bellos son todos elementos basados en la confianza, la solidaridad, la honestidad, el honor, la lealtad, la magia, todo!!!!, destinados –en mi opinión- a formar el carácter de los niños para que sean hombres y mujeres nobles, comprensivos y tolerantes. Así, desde que tengo este criterio para definir el escultismo siempre he intentado de llevarlo a la práctica y aplicarlo en todo lo que hago.

Eso sí, es un método largo y de nunca acabar. Se esta constantemente aprendiendo y revisando lo ya aprendido, sin dejar a nada como lo definitivo. Es necesario para seguir este proceso, tener diferentes perspectivas, cometer errores para que estos se conviertan en grandes enseñanzas y nunca dejarse desmotivar por ellos, por el contrario, ¡motivarse aún más! Para eso he tenido la oportunidad de vivir 6 años como Scout en las unidades Tropa y Ruta, más otro par –y espero que muchos más- como dirigente de Tropa. Aquellas han sido las perspectivas de mi formación, en todas he fallado, también he acertado, pero cada vez que miro atrás que veo: enseñanzas, que quedan marcadas en mis recuerdos como juegos, canciones, himnos, amigos, risas, llantos, himnos, etc. ¿Quién no espera el sábado ansiosamente desde el domingo?, ¿Quién no llega media hora antes a actividades para ver sus amigos?, ¿Quién no espera ansiosamente el campamento o fin de semana largo en que pueda viajar a Talca para ver a sus queridos enfermos? Jajaja. Es verdad, algunos viviríamos de esto, de hecho, lo hacemos.

También recuerdo. En julio, estuve en una expedición en Bolivia, el día que atacamos cumbre un compañero se veía seriamente afectado por el mal de altura y fatigado por el esfuerzo de 4 días de constante marcha, a 150 metro de la cumbre se rindió, cayendo y negando poder seguir adelante. La decisión era obvia, alguien tenía que quedarse con él, y dada la circunstancia de que yo iba cerrando la marcha, en un gesto de solidaridad y también de actitud práctica –dado que la mayoría ya había comenzado la escalada final hacia la cumbre- me quede con él. Juntos veíamos como el resto alcanzaba la cumbre por todos, yo veía la tristeza en sus ojos, no por no estar allá en la cima, sino por haber sido la razón de que yo no viese la cumbre. Sin embargo, yo estaba feliz, fue la mejor experiencia, ya que a pesar de lo raro que suene para algunos, la enseñanza no siempre esta en la cumbre -así como tampoco lo es ganar campamento, sino que es el esfuerzo de haberlo intentado y con que tanta lealtad lo hayas hecho-. Nos adelantamos y esperamos al resto con la comida y agua necesaria para nutrir el cuerpo. Al llegar, el jefe de la expedición me mira y dice: “se nota que eres Scout”. Y eso amigos, para mi es el mejor de los halagos.

Sebastián Rebolledo Aguirre.

Dirigente de Tropa.

1 comentarios:

Yoya dijo...

Buenísimo, que otra palabra para tus palabras...esto es precisamente lo que todo dirigente busca en los niños o jóvenes que crecen con uno...esto de las actividades scout va más allá de los juegos. Como diría Leono, "más allá de lo evidente"...Yoya